Los beneficios de ducharse con agua fría


Los beneficios de ducharse con agua fría

Ducharse con agua fría va bien para la piel, mejora la circulación reduce el estrés y hacen que te sientas menos deprimido.

Todo es empezar:

El primer contacto es lo más difícil. Pero antes de que te des cuenta ya no sientes el agua igual de fría. ¿No te ha pasado nunca que después de un rato en una ducha caliente tienes que subir aún más la temperatura para mantener el nivel de placer tórrido? Pues lo mismo ocurre en el otro extremo del termómetro. Al principio vas a jadear al entrar, pero en 30 segundos comienzas a sentirla tibia, y todo el proceso se convierte en algo perfectamente tolerable.

Al tercer día ya habrás superado el trauma del primer contacto. Meterse bajo el chorro dejará de ser una tortura. La ducha de la mañana comenzará a ser lo de siempre: algo agradable, relajante… incluso con frío.

Manos jóvenes:

Estaba completamente convencido de que las duchas frías le van bien a la piel, es el clásico beneficio que comenta todo el mundo. En teoría, la exposición prolongada al agua, especialmente el agua caliente de la ducha, elimina los aceites esenciales de la piel.

Aunque en realidad no es tan extraño: nos lavamos las manos varias veces al día y las exponemos al sol, al trabajo y a un montón de productos químico procedentes de lejías y desinfectantes. Tras varios días de agua fría, tus manos parecen haberse rejuvenecido y la piel está visiblemente menos seca.

La cuestión del tamaño:

Seguro que te estás preguntando cuáles son los efectos en la zona genital en la escala encogimiento. El efecto de una ducha fría él no es demasiado llamativo. Pierdes centímetros, claro, pero los recuperas poco después de cerrar el grifo.

El tiempo rescatado:

Las duchas frías son más cortas. Eso es así. No es que te mueras de dolor, pero tampoco sientes la necesidad de pasar más tiempo del necesario.

Había oído que las duchas frías pueden mejorar tu concentración y productividad, pero quizás sea más justo decir que te ponen en marcha. En lugar de relajarte bajo el agua caliente medio dormido, te pegas la ducha en un segundo y sales disparado dispuesto a comerte el mundo.

Merece la pena ducharse con agua fría. A menos que tengas un resfriado o compartas la ducha con alguien que no soporta este tormento, considera la posibilidad de bajar unos grados.

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